Jordania es un destino que combina historia milenaria, paisajes de otro planeta y una hospitalidad legendaria. Siete días es el tiempo perfecto para recorrer los puntos imprescindibles sin prisas excesivas. Desde el bullicio de Amán hasta el silencio absoluto del desierto, este itinerario optimiza cada kilómetro.
Las tendencias de viaje actuales sitúan a Jordania como un referente en turismo de aventura y bienestar. Según datos recientes del Ministerio de Turismo de Jordania, la afluencia de visitantes europeos ha crecido un 15% en el último año. Esto se debe a la mejora en las conexiones aéreas y a la facilidad que ofrece el Jordan Pass.
El Jordan Pass: Tu aliado imprescindible
Antes de aterrizar en el Aeropuerto Internacional de la Reina Alia, debes adquirir el Jordan Pass. No es solo una tarjeta de descuentos, es la llave que abre todas las puertas del país. Este pase digital incluye la entrada a más de 40 monumentos, museos y castillos.
Precios del Jordan Pass en 2024
Lo más importante es que el coste del pase compensa el visado de entrada si te quedas al menos tres noches en el país (eximiendo los 40 JOD habituales).
- Jordan Wanderer: 70 JOD (incluye 1 día en Petra).
- Jordan Explorer: 75 JOD (incluye 2 días en Petra).
- Jordan Expert: 80 JOD (incluye 3 días en Petra).
*Considerando que la entrada de un solo día a Petra cuesta 50 JOD, el ahorro es masivo desde el primer momento.
Día 1: Llegada y primer contacto con Amán
La capital jordana es una mezcla vibrante de modernidad y ruinas romanas. Empieza tu recorrido visitando la Ciudadela, situada en la colina más alta. Desde allí tendrás una vista panorámica de las casas color ocre que definen el paisaje urbano.
No te pierdas el Teatro Romano, con capacidad para 6.000 personas y una acústica impecable. Para cenar, dirígete a la calle Rainbow Street, el epicentro de la vida social y gastronómica. Prueba el hummus y el falafel en locales históricos que llevan décadas sirviendo las mismas recetas.
Día 2: Jerash y el Castillo de Ajlún
A solo una hora de la capital se encuentra Jerash, la «Pompeya del Este». Es una de las ciudades romanas mejor conservadas del mundo fuera de Italia. Pasear por el Cardo Maximus y ver las marcas de los carros en las piedras es una experiencia única.
Después de explorar el Foro Ovalado, continúa hacia el norte hasta el Castillo de Ajlún. Esta fortaleza musulmana del siglo XII ofrece vistas estratégicas sobre el Valle del Jordán. El contraste entre la aridez del sur y el verde de estas montañas te sorprenderá.
Día 3: La Carretera del Rey, Madaba y el Monte Nebo
En tu tercer día, viaja hacia el sur por la histórica Carretera del Rey. Haz una parada técnica en Madaba para contemplar el Mapa de Mosaicos en la Iglesia de San Jorge. Es la representación cartográfica más antigua de Tierra Santa y data del siglo VI.
A pocos kilómetros se encuentra el Monte Nebo, el lugar donde se dice que Moisés vio la Tierra Prometida. En días despejados, la vista alcanza hasta Jericó e incluso los montes de Jerusalén. Termina el día llegando a Wadi Musa, la puerta de entrada a la ciudad perdida de los nabateos.

Día 4: Petra, la maravilla oculta tras el Siq
Petra requiere energía, calzado cómodo y una cámara con suficiente memoria. Cruzar el Siq, el estrecho desfiladero de 1,2 kilómetros, es el preámbulo perfecto para el Tesoro (Al-Khazneh). La primera visión de la fachada esculpida en la roca rosada es un momento que recordarás siempre.
Más allá del Tesoro, la ciudad se expande en un valle inmenso lleno de tumbas reales y un teatro. Si tienes buena condición física, sube los 800 escalones excavados en la roca hasta el Monasterio (Ad-Deir). Es más grande que el Tesoro y mucho menos concurrido, ideal para disfrutar del atardecer.
Día 5: Pequeña Petra y rumbo a Wadi Rum
Antes de dejar la zona, visita Siq al-Barid, conocida como la Pequeña Petra. Era el lugar donde las caravanas de la Ruta de la Seda descansaban antes de entrar en la ciudad principal. Es gratuita, rápida de visitar y ofrece una perspectiva más íntima de la arquitectura nabatea.
A media tarde, conduce hacia el sur hasta entrar en el área protegida de Wadi Rum. El paisaje cambia de montañas rocosas a dunas de arena roja y formaciónes de granito. Dormir en un campamento beduino bajo un cielo estrellado es una parte esencial de cualquier viaje a Jordania.
Día 6: Safari en el desierto de Wadi Rum
Despierta temprano para ver cómo el sol tiñe de fuego las arenas del desierto. Contrata un tour en 4×4 de unas 4 o 5 horas para visitar los puntos más icónicos. Verás inscripciones antiguas, puentes de roca naturales como el de Burdah y dunas gigantes.
Wadi Rum ha sido escenario de películas como «The Martian» y «Lawrence de Arabia». La sensación de estar en otro planeta es constante debido a su geología única. Muchos campamentos ahora ofrecen «burbujas» de cristal para dormir viendo las estrellas con total comodidad.
Día 7: Flotar en el Mar Muerto y regreso
Termina tu aventura en el punto más bajo de la Tierra, a más de 430 metros bajo el nivel del mar. Las aguas del Mar Muerto tienen una salinidad diez veces superior a la de cualquier océano. Esto permite flotar sin ningún esfuerzo, una sensación física realmente extraña y relajante.
Aprovecha para cubrirte con el famoso barro negro rico en minerales, conocido por sus propiedades dermatológicas. Después de una ducha reparadora, estarás a menos de una hora de trayecto del aeropuerto de Amán. Es el cierre perfecto para una semana llena de contrastes.
Consejos prácticos para tu viaje
La mejor época para realizar esta ruta es en primavera (marzo a mayo) o otoño (septiembre a noviembre). Las temperaturas son suaves, ideales para caminar por Petra o explorar el desierto sin el calor extremo del verano.
En cuanto al transporte, alquilar un coche es la opción más flexible. Las carreteras principales están en buen estado y las señales suelen estar en árabe e inglés. Recuerda que Jordania es un país conservador; vestir con respeto es clave para integrarse.
Gastronomía que no puedes ignorar
No te vayas de Jordania sin probar el Mansaf, el plato nacional a base de cordero, arroz y yogur seco (jameed). Es un símbolo de hospitalidad y generosidad que suele servirse en grandes bandejas compartidas. También el Maqluba, un guiso de carne y verduras que se sirve «del revés», es una delicia local.
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